Katy Perry conquista Río Babel: del orgullo LGTBI+ a la Super Bowl, anatomía de un icono global

La actuación de Katy Perry en el Festival Río Babel de Madrid confirmó que su poder ya no depende únicamente de estrenar grandes éxitos. Con casi dos décadas de carrera, la cantante mantiene su condición de estrella gracias a un repertorio convertido en memoria colectiva, una estética inconfundible y una conexión especialmente intensa —aunque no exenta de contradicciones— con el público LGTBI+.

Madrid descubre a la Katy Perry más humana

Katy Perry cerró el 5 de julio de 2026 la última jornada del Festival Río Babel, celebrado en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid. La artista llegó ligeramente resfriada, pero convirtió esa limitación en parte del relato de un concierto que mezcló espectáculo, humor, nostalgia y una constante interacción con el público.

La escenografía de su Out Of Office Tour parecía una oficina abandonada en pleno delirio veraniego: un teléfono móvil, un ordenador portátil, una botella de agua y otros objetos cotidianos aparecían reproducidos a escala gigante. Perry comenzó el espectáculo con una camisa blanca en la que podía leerse “No soy un robot” y, en la espalda, una palabra que resumía buena parte del mensaje de la noche: “Humana”.

La prensa interpretó el vestuario como una respuesta humorística a los memes y teorías conspirativas que llevan tiempo presentándola como un robot, un clon o una creación de inteligencia artificial. En lugar de combatir el ruido digital con un comunicado solemne, la cantante decidió apropiarse de él y convertirlo en material escénico.

Madrid también vivió algunos de los elementos más reconocibles de su universo: astronautas, una bandera de España clavada simbólicamente sobre el escenario, una enorme botella transparente con la artista desplazándose sobre el público y un vestuario recuperado de sus primeros conciertos españoles.

Sin embargo, el momento más significativo para entender su relación con el colectivo LGTBI+ llegó durante I Kissed a Girl. Perry recogió una bandera arcoíris lanzada desde el público y la ondeó mientras interpretaba la canción que la convirtió en estrella mundial. La imagen condensaba buena parte de su trayectoria: provocación, cultura pop, celebración queer y una historia que hoy se observa con más matices que en 2008.

De canción polémica a símbolo LGTBI+

I Kissed a Girl apareció en un momento en el que la bisexualidad femenina tenía una representación mucho menor dentro del pop comercial. Para una parte del público, escuchar una canción de alcance mundial que hablaba abiertamente del deseo entre mujeres supuso una forma inesperada de visibilidad. Para otra, su letra reducía ese deseo a una aventura pasajera, construida desde determinados estereotipos y pensada también para la mirada masculina.

La propia cantante reconoció años después que probablemente modificaría la canción si tuviera que escribirla de nuevo, porque algunas frases contenían estereotipos que habían quedado desfasados respecto a la conversación contemporánea sobre bisexualidad y fluidez sexual.

Esta revisión crítica no impidió que la canción terminara convertida en un himno dentro de numerosos espacios queer. La revista Out ha señalado que, pese a las reacciones enfrentadas de sus primeros años, el tema acabó formando parte de la cultura musical LGTBI+ y ayudó a algunos seguidores a explorar o expresar su sexualidad.

La relación de Perry con la comunidad fue adquiriendo además una dimensión pública. En 2017 recibió el National Equality Award de Human Rights Campaign por su defensa de la igualdad y por utilizar su plataforma internacional para apoyar los derechos LGTBI+. En su discurso habló de su educación cristiana conservadora, de sus propias experiencias y de la transformación personal que vivió al conocer a personas que estaban fuera de la burbuja religiosa en la que había crecido.

Su condición de icono LGTBI+ no procede, por tanto, de una biografía perfecta ni de una obra libre de errores. Nace de una combinación más compleja: canciones adoptadas por el público queer, una estética profundamente camp, una defensa continuada de la igualdad y la capacidad de reconocer que algunas de sus primeras letras merecen ser revisadas.

Una estrella construida para el escenario global

Antes de convertirse en un personaje permanentemente examinado por las redes sociales, Katy Perry protagonizó una de las etapas comerciales más dominantes del pop del siglo XXI. Con Teenage Dream, cinco canciones —California Gurls, Teenage Dream, Firework, E.T. y Last Friday Night— alcanzaron el número uno en Estados Unidos. Fue la primera mujer que consiguió cinco números uno procedentes de un mismo álbum y la segunda figura de la historia en lograrlo, después de Michael Jackson.

Ese catálogo explica por qué puede actuar actualmente en contextos completamente distintos sin perder reconocimiento: desde un festival madrileño hasta una ceremonia monárquica, un estadio deportivo australiano o el mayor escaparate televisivo de Estados Unidos.

En 2023 actuó en el concierto de la coronación de Carlos III ante unas 20.000 personas en los jardines del castillo de Windsor. Un año después encabezó una de las jornadas conmemorativas del 40.º aniversario de Rock in Rio, donde presentó en directo parte de la etapa de 143.

También protagonizó en el Melbourne Cricket Ground un espectáculo de quince minutos antes de la final de la liga australiana de fútbol de 2024. Allí volvió a apoyarse en Roar, I Kissed a Girl y Firework, acompañada por la cantante australiana Tina Arena.

En junio de 2026, poco antes de llegar a Río Babel, interpretó Wonder durante una ceremonia previa de la Copa Mundial de la FIFA en el SoFi Stadium de California. Según datos de Luminate recogidos por LOS40, la exposición televisiva elevó las reproducciones semanales de la canción desde poco más de 10.000 hasta más de 300.000. Es una demostración clara de que una actuación de Katy Perry todavía puede reactivar una canción o incluso cambiar la percepción de un álbum.

La Super Bowl que convirtió el pop en un parque de atracciones

La actuación que mejor representa su capacidad para pensar a escala global sigue siendo el descanso de la Super Bowl XLIX, celebrado el 1 de febrero de 2015 en Glendale, Arizona.

Perry apareció sobre un enorme tigre mecánico para interpretar Roar, pasó después por Dark Horse y compartió escenario con Lenny Kravitz y Missy Elliott. El espectáculo incluyó proyecciones tridimensionales, cambios de vestuario, palmeras, tablas de surf, fuegos artificiales y los célebres tiburones bailarines que terminaron convertidos en memes internacionales.

Su cierre, cantando Firework sobre una estrella fugaz que atravesaba el estadio, resumió la arquitectura de su pop: melodías directas, colores intensos, humor, fantasía y una ambición visual que nunca teme resultar excesiva.

El espectáculo alcanzó una audiencia media de 118,5 millones de espectadores en Estados Unidos, superando incluso la media del propio partido y estableciendo entonces un récord para una actuación del descanso de la Super Bowl.

Más allá de las cifras, aquella noche demostró algo decisivo: Katy Perry no necesitaba ser la vocalista más virtuosa ni la artista más experimental para dominar el mayor escenario televisivo del mundo. Su especialidad era otra: construir imágenes fáciles de recordar y capaces de circular durante años por la cultura popular.

Las polémicas que acompañan al personaje

El recorrido de Perry también está marcado por decisiones que han generado críticas legítimas. Su relación con la representación queer comenzó con la ambivalencia de I Kissed a Girl y con una canción anterior, Ur So Gay, hoy considerada problemática por utilizar estereotipos homosexuales como forma de insulto.

En 2013 fue acusada de apropiación cultural después de interpretar Unconditionally con una escenografía inspirada en la geisha durante los American Music Awards. Un año más tarde, el vídeo de Dark Horse tuvo que ser editado tras las protestas provocadas por una escena en la que se destruía un colgante que parecía contener la palabra “Alá”.

Dark Horse también originó un largo conflicto por derechos de autor. En 2019 un jurado consideró que la canción había infringido el copyright de Joyful Noise, del rapero cristiano Flame, pero la sentencia fue anulada posteriormente. En 2022, un tribunal federal de apelaciones confirmó que Perry y su equipo no eran responsables de plagio.

La mayor controversia de su etapa reciente llegó con 143. La decisión de volver a trabajar con Dr. Luke provocó el rechazo de parte de sus seguidores, especialmente porque Woman’s World se presentaba como una canción de empoderamiento femenino. Las críticas se produjeron por el historial del productor y su largo enfrentamiento judicial con Kesha, resuelto en 2023 antes de llegar a juicio. Perry defendió que Dr. Luke era uno de los numerosos colaboradores del proyecto y que las canciones partían de sus propias experiencias.

El videoclip de Lifetimes añadió una polémica directamente relacionada con España. Las autoridades baleares abrieron actuaciones preliminares porque la productora no había solicitado la autorización necesaria para filmar en una zona protegida del parque natural de Ses Salines. El Gobierno balear precisó que no investigaba un delito medioambiental, sino una posible infracción administrativa.

En 2025, su participación en el vuelo suborbital exclusivamente femenino de Blue Origin volvió a situarla en el centro del debate. Mientras sus participantes defendieron la experiencia como un mensaje de inspiración y visibilidad para las mujeres, numerosos críticos la consideraron una operación publicitaria elitista y desconectada de los problemas cotidianos.

La propia Perry convirtió esas críticas en parte de su actuación madrileña. Bromeó sobre haber estado apenas unos segundos en el espacio, presentó a sus bailarines vestidos de astronautas y plantó una bandera española como si acabara de conquistar la Luna. De nuevo, transformó una polémica en espectáculo.

​

Modern building with courtyard and reflective pool
Modern living room with stylish furniture and decor.
Colorful retro-styled bar with patterned decor.

Un icono no necesita ser impecable

La actuación de Río Babel mostró por qué Katy Perry conserva su condición de icono global incluso después de atravesar discos discutidos, cambios en el consumo musical y un escrutinio digital mucho más agresivo que el existente cuando comenzó su carrera.

Con la voz afectada por el resfriado, interpretó Roar apoyándose inicialmente en el público y admitiendo que la actuación no sería perfecta. Después cerró con Firework, la canción que mejor sintetiza su mensaje de resistencia, autoestima y celebración de la diferencia.

Su figura sigue provocando adhesiones y rechazos porque representa muchas de las contradicciones del pop contemporáneo: reivindicación y estrategia comercial, autenticidad y artificio, nostalgia y búsqueda de relevancia, activismo y decisiones cuestionables.

Precisamente ahí reside su permanencia. Katy Perry no es un icono porque haya evitado los errores, sino porque sus canciones, sus imágenes y sus espectáculos continúan formando parte de la memoria emocional de millones de personas. En Madrid, ondeando una bandera arcoíris y reconociéndose públicamente como “humana”, recordó que una estrella global no tiene que ser perfecta para seguir brillando.

Katy Perry en Río Babel: icono LGTBI+ y estrella global